Publicado por Gonzalo Frery ~3 minutos de lectura

La IA en productos digitales crea nuevas capacidades con valor real

Exploremos nuevas capacidades para tu producto

La inteligencia artificial puede ampliar lo que una aplicación permite hacer: encontrar información con una pregunta, preparar contenido, interpretar documentos o acompañar una decisión. Para un producto digital, esas posibilidades abren caminos de evolución. La oportunidad consiste en identificar cuál de ellas ayuda a sus usuarios a resolver una necesidad relevante y cómo incorporarla de una manera que resulte comprensible. Esa elección da una dirección al trabajo de diseño y desarrollo.

El punto de partida es la experiencia que se quiere mejorar. Agregar una conversación puede ser adecuado en algunos recorridos, mientras que en otros resulta más útil una sugerencia dentro de un formulario o una acción disponible en el momento preciso. Diseñar esa capacidad exige relacionar lo que la tecnología puede hacer con el contexto, las expectativas y las decisiones de quien utiliza el producto.

Elegir una necesidad que el usuario pueda reconocer

Conviene observar dónde las personas se detienen, repiten trabajo o necesitan ayuda para continuar. En una plataforma de gestión, por ejemplo, preparar un resumen de un caso puede exigir revisar muchos registros. Una función que reúna los antecedentes relevantes podría facilitar esa tarea, siempre que permita comprobar la información y entender qué quedó afuera.

El problema necesita una definición suficientemente concreta para evaluar la propuesta. “Hacer el producto más inteligente” deja abiertas demasiadas interpretaciones; ayudar a preparar una reunión con información actualizada permite diseñar y probar un recorrido. También ayuda a explicar la función con palabras que el usuario entiende y a decidir qué parte queda fuera de su alcance inicial.

Diseñar la interacción alrededor del momento de uso

Una función de IA necesita un lugar dentro de la experiencia. Si el usuario ya está trabajando con un registro, puede ser más sencillo ofrecer una acción contextual que pedirle que describa nuevamente lo que tiene delante. Reducir esa repetición permite aprovechar la información del producto y disminuye el esfuerzo necesario para obtener ayuda. El contexto disponible también puede evitar preguntas innecesarias.

La interfaz también debe mostrar qué está ocurriendo y qué puede hacer la persona después. Un resultado puede necesitar edición, confirmación o una consulta adicional. Dar opciones claras para revisar y continuar evita que la experiencia termine en un bloque de texto separado del trabajo. La posibilidad de descartar una propuesta y seguir por el recorrido habitual también forma parte del diseño.

Prueba de una interfaz con observación y toma de notas.
Dos profesionales revisando prototipos de una interfaz.

Hacer visibles los límites de la capacidad

Los usuarios necesitan comprender qué información utiliza la función y qué grado de revisión requiere su resultado. Cuando prepara una síntesis, mostrar los registros de origen permite profundizar y verificar. Cuando faltan datos, indicar esa limitación es más útil que presentar una conclusión completa en apariencia. La forma de comunicarlo debe ayudar a tomar una decisión sin sobrecargar la pantalla.

También conviene diseñar respuestas para situaciones en las que la función no puede completar la tarea. Pedir una aclaración, conservar el trabajo realizado o proponer una alternativa concreta mantiene la continuidad. Esos recorridos suelen definir la confianza tanto como los casos exitosos, porque muestran si el producto acompaña al usuario cuando aparece una dificultad.

Evaluar la función como parte del producto

La evaluación debería observar si las personas completan mejor la tarea, cuánto revisan y si vuelven a utilizar la capacidad cuando la necesitan. También debe considerar los tiempos de espera y el costo de sostener su uso. Una función puede ser atractiva durante una prueba y perder utilidad cuando se incorpora a un recorrido frecuente o se utiliza con información más diversa.

Cómo incorporamos IA a los productos digitales en 301

En 301 combinamos definición de producto, diseño e implementación para trabajar sobre esas decisiones. Validamos una experiencia acotada, conectamos la capacidad con la información disponible y evaluamos su aporte antes de extenderla. Así, la IA puede convertirse en una mejora reconocible del producto y en una oportunidad de diferenciación apoyada en lo que sus usuarios necesitan resolver.

Un producto crece cuando ayuda a sus usuarios a avanzar.
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Gonzalo Frery Gonzalo Frery Co-founder

Profesional de tecnología con más de 25 años de experiencia en desarrollo de software y liderazgo de equipos técnicos para clientes en América, Europa y Asia. Fundador de múltiples emprendimientos tecnológicos y líder de proyectos digitales de alto impacto para marcas reconocidas, tanto en entornos corporativos como de startups. Especializado en arquitectura de sistemas, gestión de proyectos y soluciones digitales escalables. Combina visión estratégica, enfoque en la experiencia del usuario y ejecución técnica para transformar ideas complejas en productos sólidos y sostenibles.

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